publicado originalmente en el blog PENSEMOS JUNTOS: He visto la aflicción de mi pueblo – Pensemos Juntos (wordpress.com)
1. Hermanos cubanos:
Como creyentes en Dios, sacerdotes, consagrados, laicos, como hombres y mujeres de buena voluntad, como cubanos que amamos a nuestra patria y que soñamos un futuro luminoso para ella, enviamos este mensaje, nacido del amor.
Convencidos de que, como nos enseñó el Padre Félix Varela, «no hay Patria sin virtud, ni virtud con impiedad» y que el bien y la paz solo son posibles en la conjugación de la justicia, la misericordia y la verdad.
Deseando, como José Martí, una República donde se rinda culto a la dignidad plena de todo hombre y mujer, independientemente de sus pensamientos, de sus posturas e incluso de sus pecados personales.
Siendo coherentes con nuestra conciencia, que no nos permite permanecer callados de frente a la construcción del presente y del futuro de nuestra nación; porque no queremos ser «personas que se lavan las manos como el gobernador romano y dejan correr el agua de la historia sin comprometerse» [1].
En comunión con el magisterio de los Obispos Católicos de Cuba que, en el número 13 de su reciente mensaje navideño, nos invitan a «que no tengamos que esperar a que nos den desde arriba lo que debemos y podemos construir nosotros mismos desde abajo».
Bajo la inspiración del esclarecedor mensaje de San Juan Pablo II, que hace veintitrés años nos urgió a «ser protagonistas de nuestra propia historia personal y nacional» [2].
Queremos dar voz a nuestros pensamientos y sentimientos: alegrías y tristezas, frustraciones e ilusiones… sabiendo que no son sólo nuestros sino de una gran parte de nuestro pueblo cubano en cada una de las orillas donde palpita el corazón de Cuba, porque somos una única nación en la isla y en la diáspora. «El cubano sufre, vive y espera aquí y también sufre, vive y espera allá afuera» [3].
2. He escuchado el lamento de mi pueblo [4]
La Palabra de Dios es luz para lo que vive nuestra patria hoy.
En el libro del Éxodo, la Biblia nos relata la historia de Moisés, el hombre al cual Dios se manifiesta con la intención de liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, y al cual le dice: «He visto la aflicción de mi pueblo (…) He oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias. Voy a bajar para librarlo (…) Ponte en camino que yo te envío»[5].
Dios ve, escucha y siente con su corazón de Padre lo que vive su pueblo, no le pasan desapercibidos sus tristezas, sus angustias y su clamor. Pero Dios no se detiene en una constatación estéril, sino que expresa su compasión como compromiso.
Sin embargo, la liberación no es obra solo de Dios, o de Moisés; es obra también de un pueblo que se une en torno a la fe y al ansia de libertad. El pueblo tiene que co-implicarse, ponerse en camino, y aprender a vivir en libertad a través de un inmenso desierto que le supone numerosas renuncias, la tentación de preferir ciertas comodidades a la libertad, pensar que el esfuerzo ha sido inútil y de que nunca alcanzarán el futuro que tanto ansían.
Estamos persuadidos de que este texto habla al corazón de nuestra realidad presente. Dios lo conoce todo, nada escapa de su mano. El presente y el futuro de Cuba también están en sus manos. Pero Dios trabaja con nosotros, y nos pide, como a Moisés, actuar nuestra parte de responsabilidad y libertad. Decía San Agustín: «El Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti».
3. He visto…, he oído…, conozco… [6]
Soñar a Cuba y continuar construyendo nuestra sociedad es posible, solamente, si partimos de su realidad. La contemplamos con inmenso amor, como lo hace un hijo con su madre; y también con mirada crítica, como lo hace un hijo adulto que ha renunciado a permanecer como un eterno inmaduro. Ponemos aquí nuestra visión sintética, pues los fenómenos sociales son siempre complejos.
- La sociedad cubana es diversa y heterogénea.
No existe ya aquella pretendida y a la vez artificial uniformidad social. En Cuba coexisten diversos estratos sociales y económicos. La presencia de clases sociales y el progresivo ahondamiento de sus diferencias es una realidad palpable y especialmente dolorosa cuando los más pobres sufren los embates de medidas económicas que los dejan desamparados.
Cuba también es diversa desde el punto de vista político e ideológico. Hay un sector afín a la ideología oficial que sustenta el Estado, y también hay numerosos sectores en la sociedad civil con otras orientaciones ideológicas que, aunque no son reconocidas oficialmente, están presentes, algunas de ellas con organización, y ejercen un influjo real en la sociedad.
El acceso a internet y a las redes sociales, aunque limitado y monitoreado, ha roto la barrera estatal que contenía e incluso impedía el flujo de información y la capacidad del ciudadano común para generarla. Precisamente este creciente fenómeno de comunicación social manifiesta que existe una diferencia entre la opinión pública y la opinión oficialmente publicada. Hay una realidad que no se publica, negándola en nombre de la ideología.
- Estamos viviendo el colapso de un modelo económico, político y social.
Aunque previsible por fundamentarse en una filosofía que ignora la verdad sobre lo que da sentido pleno al ser humano, el sistema económico, político y social que define los destinos de Cuba desde 1959, ha sido incapaz de evolucionar. Han sido muchas las propuestas para reactivarlo, una especie de cadena interminable de promesas incumplidas de “ahora sí”. A este propósito ya los obispos cubanos alertaban en la carta pastoral «El amor todo lo espera» del año 1993: «Más que medidas coyunturales de emergencia, se hace imprescindible un proyecto económico de contornos definidos, capaz de inspirar y movilizar las energías de todo el pueblo».
La continua promesa incumplida ha llevado a un cansancio y a un escepticismo que cae como una densa nube sobre el cubano de a pie. Éste, a menudo, siente que se hunde en el desaliento por vivir en un país cuyo futuro feliz se aleja, como el horizonte, con cada paso.
Asistimos en este momento a medidas extremas. Las tiendas en MLC y el llamado ordenamiento económico amargan aún más la cotidianidad de este pueblo. Su trabajo no le permite el acceso a comprar dignamente lo que necesita. Vive acosado por un grave desabastecimiento, por precios prácticamente inalcanzables, y por tener que pagar en una moneda extranjera que con su esfuerzo no puede ganar. Esta situación lacera el valor del trabajo y con él, la mismísima dignidad humana. Depender de lo que otros manden del fruto de su trabajo, nos coloca inevitablemente en una situación de mendicidad.
No se puede desligar lo económico de lo político. Como ya lo advertía «El amor todo lo espera» en su número 46, Cuba necesita cambios políticos. Con esta intuición de los obispos cubanos, hoy son muchos los que se comprometen por un cambio pacífico y, lamentablemente, reciben la represión por respuesta. Empeñarse en superar la precariedad y llevar a Cuba a un futuro digno, tiene que pasar por el reconocimiento de la realidad y por la escucha de aquellos que con buena voluntad ofrecen alternativas. La política necesita escuchar a la realidad y partir de ella, de lo contrario se convierte en ideología. Es un absurdo con terribles consecuencias sacrificar la realidad en el altar de una ideología.
- La generalización de la corrupción.
La doble moral y la mentira se han convertido en elementos cada vez más habituales de nuestra cotidianidad. La falta de libertad de pensamiento y la censura estimulan la incoherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. Por otra parte, la casi imposibilidad de vivir sin incurrir en ilegalidades, hace del «mercado negro» un aliado indispensable de la subsistencia y un ámbito dominado por el robo, el soborno y hasta el chantaje. El ambiente de «sálvese quien pueda», donde todo vale, muestra una corrupción que permea prácticamente todos los estratos sociales.
A esto se suma la sensación de que continuamente estamos siendo espiados, de que podemos «caer en desgracia». Esta sensación, confirmada por la delación de la que, como víctimas o testigos, todos tenemos experiencia, siembra la duda, mata la confianza e impide la unidad que, como pueblo, tanto necesitamos. A veces hasta sin culpa alguna, la persona se siente temerosa debido al «excesivo control de los órganos de Seguridad del Estado que llega a veces, incluso, hasta la vida estrictamente privada de las personas. Así se explica ese miedo que no se sabe bien a qué cosa es, pero se siente, como inducido bajo un velo de inasibilidad»7.
La misma voz oficial del Estado ha reconocido la necesidad de rescatar valores, pero no basta decirlo ni amenazar con castigos severos, se necesita poner remedio en las causas, en el origen mismo de la corrupción. Este «poner remedio a la corrupción» pasa, necesariamente, por proteger a la familia y renovar el sistema educativo.
- La crisis de la familia: una herida en el alma de Cuba.
El ambiente que vivimos incide directamente en la familia cubana. Muchos hogares se desestructuran por la separación que implican la emigración y las misiones. Frecuentemente, la única vía para mejorar la calidad de vida, tiene como consecuencia la separación de sus miembros.
La frustración económica y la lucha cotidiana y fatigosa por la existencia provocan la pérdida del horizonte moral. La familia cubana, centrada en la sobrevivencia, corre el peligro de cerrarse a la vida. No pocas veces, el anuncio de un hijo, que debería ser un motivo de esperanza y alegría, se convierte en causa de incertidumbre y preocupación, y termina en el aborto.
En el otro extremo del ciclo familiar, los ancianos, tantas veces solos, carecen de una economía que los sustente, a pesar del aumento de las pensiones, además de la ausencia de medicamentos imprescindibles y del necesario afecto.
Es justo reconocer que incluso en medio de la crisis, el pueblo cubano valora la familia y trata de crear caminos de felicidad.
- Crisis del sistema educativo.
Aunque el pueblo cubano es alfabetizado, el sistema de educación está en crisis. La subordinación de los intereses educativos al sistema político-ideológico, provoca que el nivel académico haya bajado drásticamente en los últimos decenios. Este sometimiento de la educación a la política explica la mutilación del pensamiento crítico, la imposición de un esquema único de reflexión en el que pocos creen, la precariedad de medios y de personas competentes, la no apertura oficial a otras formas de educación, que se apruebe a estudiantes por conveniencia y que se hostigue y hasta se excluya del sistema de educación superior a aquellos cuyo modo de pensar es distinto al oficialismo.
4. El clamor de mi pueblo.
Vivimos un momento crítico de nuestra historia nacional. Los ensayos oficiales de respuesta revelan que la crisis implica a la estructura misma del sistema, lo cual se ha manifestado de un modo evidente en la negativa a sostener un diálogo abierto y transparente, promoviendo la violencia verbal, psicológica y física, en lugar de buscar un debate realista e inclusivo que exponga las diversas propuestas y conduzca a soluciones evaluables.
Necesitamos superar el autoritarismo, de manera que se evite «la tentación de apelar al derecho de la fuerza más que a la fuerza del derecho» [8] y todos los hijos de esta tierra podamos sentarnos, en igualdad de condiciones, en la mesa de un diálogo nacional, pues Cuba es de todos y para todos los cubanos. No es ético adjetivar la Patria y conceder carta de ciudadanía a unos pocos privilegiados miembros de un partido.
Como ya expresaron los obispos cubanos en su mensaje [9] a propósito de la última reforma constitucional: «Lo absoluto de tal afirmación [sólo en el socialismo y en el comunismo el ser humano alcanza su dignidad plena] que aparece en el texto constitucional excluye el ejercicio efectivo del derecho a la pluralidad de pensamiento acerca del hombre y del ordenamiento de la sociedad (…) cabe recordar la frase de José Martí: Una constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos» [10]. Tampoco es ético y sí «muy discutible el valor del castigo para humanizar, sobre todo cuando este rigor se ejerce en el ámbito de la simple expresión de las convicciones políticas de los ciudadanos»[11].
Volviendo al relato bíblico, cuando Dios libera a su pueblo bajo la guía de Moisés, no habla contra los egipcios (los opresores). Ellos, si no se hubiesen obstinado en su maldad, haciéndose esclavos del sistema que habían construido, hubieran podido escuchar también la voz del Padre, porque él «no quiere la muerte del pecador sino que se convierta de su mala vida»[12]. Pero el Faraón persiste en la injusticia y el atropello del pueblo. Aun fingiendo escuchar a Moisés, no cumple el pacto y falta reiteradamente a su palabra, y esto le atrae la ruina y la muerte. De este modo el Faraón y sus ministros, que creen perseguir al pueblo mientras escapa de la esclavitud, quedan atrapados por su propia persecución. Es el drama de la libertad humana cuando se autoerige en dios y termina rendida al pecado. Como dice el Salmo 33: «La maldad da muerte al malvado»[13].
5. Ponte en camino que te envío [14]
El pueblo cubano, aunque lentamente, ha ido superando y desaprendiendo la indefensión. Es un importantísimo camino de empoderamiento y de recuperación de la autoestima social. Es importante que lleguemos a sentirnos más fuertes, que nos convenzamos de que podemos actuar y vivir sin dejarnos paralizar por el miedo, de modo que logremos expresarnos libremente, buscar el bien y la justicia conservando la paz, y ser críticos de nuestra realidad, porque, de hecho, es un deber de todos aportar a la construcción de una Cuba nueva.
Para los creyentes existe un compromiso político-económico-social que brota de la fe, ésta nos lanza al mundo a transformarlo, a humanizarlo según la imagen del hombre pleno que hemos contemplado en Cristo. Como nos dijo Benedicto XVI: «El derecho a la libertad religiosa (…) legitima que los creyentes ofrezcan una contribución a la edificación de la sociedad. Su refuerzo consolida la convivencia, alimenta la esperanza en un mundo mejor, crea condiciones propicias para la paz y el desarrollo armónico, al mismo tiempo que establece bases firmes para afianzar los derechos de las generaciones futuras» [15].
Con el Papa Francisco estamos convencidos de la necesidad de «conversar desde la verdad clara y desnuda (…) ya no hay lugar para diplomacias vacías, para disimulos, para dobles discursos, para ocultamientos, para buenos modales que esconden la realidad»16. En Cuba la democracia no será una realidad mientras la pluralidad y la diversidad de pensamientos no sean aceptadas y respetadas en el proyecto de Nación, sabiendo que la auténtica libertad de la persona «encuentra su plenitud en el ejercicio de la libertad de conciencia, base y fundamento de los otros derechos humanos»[17].
Los gobiernos existen para el pueblo y por el pueblo. Así como un ciudadano común tiene derechos y deberes, del mismo modo los tiene el Estado. Es hora de superar la falacia de que debemos agradecer lo que son deberes del Estado. Salud, educación, bienestar social, paz civil, ocio y recreación, democracia y libertad de expresión… entre otros, no son regalos sino derechos y el Estado existe para garantizarlos.
Necesitamos con urgencia:
– Mejores marcos legales. El hecho de que no existan bufetes de abogados que trabajen con independencia del control del Estado, promueve la impunidad de un sector de la sociedad afín al gobierno, a la vez que pone en peligro cualquier iniciativa políticamente diversa y pacíficamente presentada.
– El reconocimiento de la plena ciudadanía de los cubanos residentes en el exterior. Significa que estos puedan participar también activamente en la toma de decisiones de la sociedad cubana. Como acontece a todos los ciudadanos de cualquier país democrático, todo cubano debe poder, desde su residencia en el exterior, participar cívicamente en los destinos de su nación.
– Entender lo que significa la reconciliación nacional. Como pueblo, tenemos heridas y conflictos no resueltos. Queremos reconciliarnos para vivir bien y en paz, y esto solo será posible reconociendo la existencia de los conflictos y buscando la solución en medio de ellos. «Cuando los conflictos no se resuelven sino que se esconden o se entierran en el pasado, hay silencios que pueden significar volverse cómplices de graves errores y pecados. Pero la verdadera reconciliación no escapa del conflicto sino que se logra en el conflicto, superándolo a través del diálogo y de la negociación transparente, sincera y paciente»18.
– Entender la relación entre amor y verdad. Un error común es pensar que la predicación del amor excluye el decir la verdad en su realismo dramático. Jamás será prudencia torcer la verdad o reconocerla solo parcialmente. En la carta encíclica Fratelli Tutti el Papa Francisco nos advierte que: «No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto, ante un criminal o ante alguien que degrada nuestra dignidad. Estamos llamados a amar a todos, sin excepción, pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable. Al contrario, amarlo bien es buscar de distintas maneras que deje de oprimir, es quitarle ese poder que no sabe utilizar y que lo desfigura como ser humano. Perdonar no quiere decir permitir que sigan pisoteando la propia dignidad y la de los demás (…). Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama»[19].
– Optar por la verdad. Necesitamos vivir la verdad en cada decisión de la vida cotidiana. No colaborar con lo que no creo, no participar de la violencia, los actos de repudio, la delación del hermano. ¿Por qué desfilar cuando no comparto las razones del desfile? ¿Por qué asentir en una reunión cuando no estoy de acuerdo? ¿Por qué callar cuando dentro de mí sé que no están diciendo la verdad? ¿Por qué aplaudir si estoy en desacuerdo? ¿Por qué escuchar a mis miedos y no a mi razón? Vivir en la verdad tiene un precio a veces alto, pero nos hace libres interiormente, más allá de toda coerción externa. Vivir en la mentira es vivir en cadenas y como alecciona el Himno de Bayamo: «En cadenas vivir, es vivir en afrenta y oprobio sumidos».
6. Miren que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan? [20]
Esta opción fundamental por vivir en la verdad y en la libertad nos descubre nuestro real poder como ciudadanos. Somos un gigante dormido que puede hacer que Cuba cambie, basta despertar. Los que cierran sus ojos ante la aflicción de este pueblo, los que se empeñan en que Cuba no cambie, tienen el poder que le hemos concedido pensando que no podemos hacer nada. Algunos esperan el cambio desde arriba, otros aspiran que llegue una especie de líder mesiánico que arregle todo; sin embargo- ya lo hemos dicho- el cambio empieza por nosotros, por nuestro interior.
Emprendamos el camino, dejemos de escuchar nuestros miedos, creamos en nuestra fuerza como pueblo. Es importante que nos convenzamos de que sí podemos hacer algo y de que por humilde que parezca, nuestro aporte es poderoso. Reza un proverbio italiano que «si un pequeño hombre en su pequeño mundo, hace una pequeña cosa, el mundo cambia». El primer paso debe ser vaciarnos de odio, porque nada bueno puede construirse sobre el odio. Nuestra primera victoria será «que no tenemos odio en el corazón»[21].
Vacíos de odio, renunciamos absolutamente a la violencia, a la agresión incluso verbal, a la calumnia, a los métodos de los que hoy son víctimas los que proponen un camino nuevo para Cuba. Son métodos caducos e indignos de esa nueva Cuba que empezamos a construir. Una nueva Cuba debe ser humana y humanizadora de sus ciudadanos. Nuestro camino no tiene nada que ver con el odio y la violencia; y sí con una unidad que no excluye. El cambio bueno y necesario no es posible si permanecemos divididos. Urge deponer intereses particulares y pensar proyectos y destinos comunes.
Rompamos las cadenas, las peores son las que llevamos en la mente y el corazón. Optemos por la verdad, y actuemos como hombres y mujeres que ya son libres. «La conquista de la libertad en la responsabilidad es una tarea imprescindible para toda persona»[22]. Escuchemos nuestra conciencia y empujemos con cada palabra y con cada acción en la dirección correcta de la historia, en la dirección de la libertad de esa Cuba nueva y feliz que ha comenzado a ser realidad en nosotros.
7. Epílogo
Hemos compartido esta reflexión en el respeto y la valoración de aquellos hombres y mujeres de buena voluntad que en el ejercicio de su libertad han decidido no profesar la fe y que también comparten nuestros deseos de renovación, conscientes de que la realidad nos interpela a todos y de que una Cuba para el bien de todos solo se puede edificar desde el aporte sincero de cada uno.
Nosotros, como creyentes, consideramos que es momento, como pueblo, de volver a Dios. Este pueblo, hace muchos años, le dio la espalda a Dios, y cuando un pueblo le da la espalda a Dios, no puede caminar. Como decía San Agustín: «Cuando uno huye de Dios, todo huye de uno». Y nosotros huimos de Dios, y le dimos la bienvenida a los ídolos, a aquellos que nos prometieron un mundo mejor sin Dios, desoyendo también a Martí que advertía que «un pueblo irreligioso morirá, porque nada en él alimenta la virtud»[23]. Sí, es momento, como pueblo, de volver el rostro a Dios, y de volver a escuchar en la zarza ardiente sus esperanzadoras palabras:
«He visto la aflicción de mi pueblo… He oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias. Voy a bajar para librarlo… Ponte en camino que yo te envío». [24]
En Cuba, a 24 de enero de 2021
XXIII aniversario de la Misa de San Juan Pablo II por la Patria, en Santiago de Cuba
1 Papa Benedicto XVI, «Homilía en la misa celebrada en La Habana», 28 de marzo de 2012.
2 Papa Juan Pablo II, «Discurso en la ceremonia de bienvenida en el Aeropuerto Internacional José Martí en La Habana», 21 de enero de 1998. Nro. 2.
3 Pedro Meurice Estíu, «Discurso de bienvenida a Juan Pablo II», 24 de enero de 1998.
4 Ex3,7.
5 Ex 3, 7-8.10.
6 Cfr. Ex 3, 7-8.
7 COCC, «Carta Pastoral El Amor todo lo espera», núm. 46.3.
8 Papa Francisco, «Carta Encíclica Fratelli Tutti», núm. 174.
9 COCC, «Mensaje de los Obispos Católicos Cubanos en relación con la nueva Constitución de la República de Cuba que será sometida a referendo», 2 de febrero de 2019.
10 José Martí, «Carta de New York», 23 de mayo de 1882, Obras Completas, Tomo IX, pp. 307 – 308.
11 COCC, «Carta Pastoral El Amor todo lo espera», núm. 39.
12 Ez 33, 11.
13 Salmo 33, 22.
14 Ex 3, 10.
15 Papa Benedicto XVI, «Homilía en la misa celebrada en La Habana», 28 de marzo de 2012.
16 Papa Francisco, «Carta Encíclica Fratelli tutti», núm. 226.
17 San Juan Pablo II, «Homilía en la misa celebrada en La Habana», 25 de enero de 1998. 18 Papa Francisco, «Carta Encíclica Fratelli tutti», núm. 244.
19 Papa Francisco, «Carta Encíclica Fratelli tutti», núm. 241.
20 Is 43, 19.
21 Oswaldo Payá Sardiñas, «Discurso al recibir el premio Sajarov», 17 de diciembre de 2002.
22 Juan Pablo II, homilía en la Misa celebrada en La Habana el 25 de enero de 1998, nro. 6
23 José Martí, «Viajes, crónicas, diarios, juicios», Obras Completas, Tomo XIX, Ed. Ciencias Sociales, 1991, p. 391.
24 Ex 3, 7-8.10.
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- Aidyn Betancourt Miranda, La Habana
- Martha Sara López García, Matanzas
- María Cristina Tamayo Guerra, Bayamo
- Teresa Díaz Canals, La Habana
- Jose Molina Marrero, Florida
- Claudia María Bernal Mendoza, La Habana
- Orgiel Sanzo Martín, La Habana
- Priscila Hernández Pino, Artemisa
- Adrián Emelio Blanco López, Mayabeque
- Yadira Sánchez Estévez, La Habana
- Maysel Bello Cruz, Artemisa
- Javier Alejandro Collado Reyes, Granma
- Isabel Santana González, Matanzas
- Lay Mi Rodríguez Guilbeaux, La Habana
- Juan Pablo Entrialgo, La Habana
- Daniel Alejandro Rodríguez Solis, La Habana
- Tania Solis, La Habana
- Margara Fernandez, Camaguey-Miami
- Maikel González, La Habana
- Margarita Sosa, Miami
- Mirna María Alfonso Pacheco, La Habana
- Yulys Espinosa Acosta, Camagüey-USA
- Susana Moreno Escobar, La Habana
- Diácono Hanoi Manuel Ferrer Pérez, Matanzas
- Clara Marina Hernández López, Trinidad
- Maykel Aledo, Artemisa-Orlando
- Julio Estorino, Miami
- Alenmichel Aguiló, Camagüey
- Maria de Lourdes Mariño Fernández, La Habana-Delaware, USA
- Jorge Reyes Carralero Dallas La Habana-Texas
- Edell Escalante Martínez, Camagüey-República Dominicana
- Norbis Rodriguez Hernandez, Holguín-Dallas, Estados Unidos
- Saymi Del Toro Soria, Villa Clara
- Leonardo Benito Pama, Camagüey-Chile
- Yoel Pérez González, La Habana
- Mairelys Montero Gonzalez, La Habana
- Andrea Torres, Florida
- Rolando Montiel Campos, Villa Clara
- Humberto de Horta de Horta, La Habana
- Magalys Roque Santiesteban, La Habana
- Sor Carmen Alicia Lavín Comabella, hc, La Habana.
- María Cristina Labrada Varona, Camagüey
- Ana Laura Nogueira Valiente, La Habana
- Amed Acosta Hernández, Villa Clara
- Sonia Álvarez Campello, Matanzas
- Sayli Navarro Álvarez, Matanzas
- Roberto de Jesús Quiñones Haces, Guantánamo
- Karel E. Esquivel, Florida
- Ilen María Montejo Boutros, Camagüey
- Liliam Boutros Amores, Camagüey
- Luis Montejo Cuenca, Camagüey
- Josbel Guerra Solana, Holguín
- Jose Antonio de la Rosa Diaz, Artemisa
- Omara Isabel Ruíz Urquiola, La Habana
- Arian Lazaro Cruz Alvarez, La Habana
- Cristina Isis Alfonso Perez, Camagüey
- Humberto Galindo Moya, Camagüey
- Yanersy Cuevas Sanchez, La Habana-USA
- Norma Salas Gil. Habana, Camagüey
- Lupe Fernández Pedroso, Camagüey
- Marcial Hernandez, Camagüey-USA
- Ricardo Barragán Carrandi, Camagüey-Miami
- Isis Acuña Peláez, Camagüey-Miami
- Jose Luis Gil, Las Tunas-Miami
- Julio Guerra Molina, Camagüey-Miami
- Romer Eduardo Moronta Abad, Camagüey
- Gleyber Guerrero Perera, Camagüey
- Julio Llopiz-Casal, La Habana
- Sandra Ceballos Obaya, La Habana
- Tania Bruguera Fernández, La Habana
- Getel Medina Mendieta, La Habana
- Mijail Rodríguez Riverón, La Habana
- Rafael Estopiñales Pérez, La Habana
- Juliana Rabelo Garcia, Pinar del Río
- Sindy Rivery Elejalde, La Habana
- Ulises Padrón Suárez, La Habana
- Victor Alfonso Cedeño, Cienfuegos/La Habana
- Camila Rodríguez, La Habana
- Aminta de Cárdenas Soroa, La Habana
- Henri Eric Hernández, La Habana-México
- Camila Acosta Rodríguez, La Habana
- Royma Cañas Treto, La Habana
- Rolando Rodriguez Lobaina, Guantánamo
- Katherine Bisquet Rodríguez, Cienfuegos
- Yunior García Aguilera, La Habana
- Solveig Font Martínez, La Habana
- Arelis Rodriguez Silva, Artemisa
- Dixan Gainza More, Camagüey
- Alma Rosa Reed Rodríguez, Camagüey
- José Antonio Valor Reed, Camagüey
- Francisco Alejandro Hernández Sivilla, Camagüey
- Verónica González Nikiforova, Camagüey
- José Luis Acosta Cortellan, Camagüey
- Marisol Peña Cobas, Camagüey
- Yosvany Sepulveda Martinez, Camagüey
- Carlos Manuel González Hernández, La Habana
- Nereyda Perez Sedeño, Camagüey-Miami
- Raidel Arosteguis Almenteros, Camagüey-Miami
- Manuel Alejandro Zamora Santana, Santa Clara
- Doray García Villarreal, Camagüey
- Daniel Montejo Boutros, Camagüey
- Joel Antonio Fonseca Quevedo, Camagüey
- Belsis Alfonso Bombino, Matanzas
- Eniel Pérez Zapico, Villa Clara
- Marcial Hernandez, Camagüey-Miami
- Geisy Alfonso Bombino, Matanzas-Miami
- Celso Sarduy Agüero, Camagüey-Buenos Aires
- Elena Lopez Llera, La Habana-USA
- Daniel Mejías González, Camagüey
- Leivy Rodríguez Salgado, La Habana
- Juan Carlos Domecq, La Habana
- Rafael A. Padron Gavilla, Miami
- Isora Abreu, Matanzas
- Leana Lobaina Legrá, La Habana
- Jesús Francisco López Ruiz, La Habana
- Yomara Hernandez, La Habana
- Ronald Viñas Oliva, La Habana
- Roberto Perez de la Cruz, Miami
- Regina Caceres Fernandez, Matanzas
- Alain Lavao Hernandez, Matanzas-Miami
- Hno. Asquilis Estable Sánchez, República Dominicana
- Darleen Trujillo, Miami
- Andres Trujillo, Miami
- Luisa Perez, Miami
- Luis Varga, Miami
- Reynaldo Licea Vazquez, New York
- Rafael Araluce Quesada, Bayamo
- Ebert Hidalgo Cruz, Santiago de Cuba
- Ada Ibis Ladrón de Guevara Lazo, Santiago de Cuba
- Haydée Hidalgo Ladrón de Guevara, Santiago de Cuba
- Evert Luis Hidalgo Ladron de Guevara, Santiago de Cuba
- Aimée Hidalgo Ladrón de Guevara, Santiago de Cuba
- Ana Maria Gonzalez, La Habana
- Carmen Guardiola, California
- Manuel Milanés Pizonero, Florida
- Nicolas Peón Casas, Chile
- Ana Victoria Martínez, La Habana
- Yasel Couce Sardiñas, Camagüey-Chile
- Lester Fibla, La Habana
- Jessica de la Caridad Torres Roque, La Habana
- Lourdes Solaun Spring, Texas
- Lilian Ureña de Martin Viaña, La Habana
- Erio Lazaro Fernández Martínez, La Habana
- María Margarita Arango Rivera, Granma
- Yanelia Chacón Polanco, La Habana
- Hno. Iván Guerra Álvarez, La Habana
- Mayra De Armas, Ciego de Ávila-Florida
- Lourdes Fernández, La Habana
- Ofelia Acevedo Maura, La Habana-Miami
- María Elena Uchytil Salgueiro, Alaska
- Rosa María Payá Acevedo, La Habana-Miami
- Jose A. Sanchez, Camagüey-Miami
- Mario Ramírez Méndez, Camagüey
- Iraida Sosa Monzón, Trinidad
- Fray Junior Alberto Casas Rodríguez, OFM, La Habana
- Jorge L. Díaz, Miami
- Rosa Armesto, Puerto Rico
- Graciela Sivilla Bermudez, Camagüey
- Rigoberto Tamayo, La Habana-Buenos Aires
- Manuel Alfonso, Tampa
- Rafael Ceiro Martí, Santiago de Chile
- Miriela González Román, Santiago de Chile
- Hno. Michel Valdés Pérez, fcb, Villa Clara-España
- Bárbara Martínez Figueroa, La Habana-España
- Felix Llerena, USA
- Orlando Luis Pardo Lazo, La Habana
- Manuel Marrero Ávila, Matanzas
- Leonardo Luis, La Habana
- Hiraldo Pino Dominguez, Puerto Rico
- Evelio Yanez, Miami
- José R. Fernández Torres, Orlando
- Ariel Roque Santiesteban, California
- Antonio Orestes Hernandez Diaz, La Habana-USA
- Erne Gonzalez, Mayabeque
- Hna. María de los Angeles Rodríguez Pérez, CP, La Habana
- Gabriel Hernandez Aguila, Santa Clara
- Laura González Otero, La Habana
- Neldy Elaine Rasua Veloso, La Habana
- Jorge Luis García Denis, Cienfuegos
- Héctor Javier Vasallo Rodríguez, Mayabeque
- Yohana Beatriz Martínez Abreu, La Habana
- Ana Dolores Garcia, Camagüey
- Frank Calzón, Arlington, VA
- Eduardo Ernesto Torres Alonso, Cienfuegos
- Teresa Fuego Miranda, Ciego de Ávila
- Miraldis Vázquez Perez, Santiago de Cuba
- Angel Vázquez Martínez, Santiago de Cuba
- Alfredo Pérez González, Pinar del Río
- Juan Pablo Pérez González, Pinar del Río
- Ariel Pérez González, Pinar del Río
- Eusebio A. Pérez Mesa, Pinar del Río
- Helen Ochoa Calvo, Cienfuegos
- Alejandro González Raga, Madrid
- Asiel Valero Larios, Camagüey
- Carlos Ricardo Molina Rodríguez, Matanzas
- David Carrillo Prieto, La Habana
- René Gómez Manzano, La Habana
- Silvia María López Morales, Artemisa
- Esther Cañive, Cienfuegos-La Habana
- Sor Marlys Fadraga Morell, hc, La Habana
- Ana V. López, La Habana-Miami
- Pavel Diaz Diaz Arango, Camagüey—USA
- Vicar. Br. Ignacio Estrada Cepero, Santa Clara-Miami
- Wendy Iriepa Diaz, La Habana-Miami
- Ramón López García, Matanzas
- Macui González Ramos, Matanzas
- Efren Pulgaron, La Habana-Nueva York
- Aymé Morales Ortiz, Holguín
- Caridad Espinosa, La Habana-Miami
- Jorge Luis Hernández Peinado, Artemisa
- Ediyersi Santana Jouz, Camagüey
- Marta Carbonell, Camagüey-Miami
- Jiordán Marrero Huerta, Camagüey
- Irán Almaguer Labrada, Holguín
- Ibis Nunez, Miami
- Eloy Manuel Viera Moreno, La Habana
- Danilo Acosta Rodríguez, La Habana
- Vladimir Hernandez Alvariño, La Habana
- Egberto Angel Escobedo Morales, Camagüey
- Humberto Andres Vargas Rivas, Las Vegas
- Alberto Escanio, La Habana-USA
- Iluminada Caridad Gonzalez Ramos, La Habana
- Raynel González Irure, La Habana
- Yosmany Mayeta Labrada, Santiago de Cuba-Washington DC
- Dennis Edel Oliva Pérez, Artemisa
- Carlos Anselmo Sanchez Estevez, Guatánmo-Angola
- Pedro López Chávez, Santa Clara
- Leticia Ramos Herrería, Matanzas
- Janisset Rivero, Camagüey-USA
- Ricardo Pelier Frometa, Guantánamo-USA
- Yanisley Bermúdez Alonso, Santa Clara
- Frank Rolando Lara García, Santa Clara
- Elena Larrinaga, La Habana-España
- Santos Fernández Sanchez, Camagüey-USA
- Francisco Luis Manzanet Ortiz, Guantánamo
- Niober García Fournier, Guantánamo
- José Carlos Poleo Zaldívar, Camagüey
- Claudia de la Caridad Cabrera Escalada, Camagüey
- Mauricio Antonio Mendoza Navarro, La Habana
- Reinier Díaz Vega, La Habana
- Luz Escobar Pérez, La Habana
- Diac. Albio Reyes Dorta, Camagüey
- Miriam Sivilla Bermudez, Camagüey-USA
- Diac. Orlando Hechavarría Fonseca, Camagüey
- Israel Gómez Rodriguez, Camagüey
- Evert Oscar Matos Leyva, Holguín
- Eric Tomás Crespo Hurtado, Santa Clara
- Enrique Martín Cid, Montreal
- Juan Carlos Alfonso Pérez, Holguín-Sao Pablo
- Elinor Perez de los Reyes, Camagüey
- Osmel Ramirez Alvarez, Holguín
- Yosbel Ramos Suarez, La Habana
- Esperanza Caramez, Camagüey
- José Antonio de la Rosa Diaz, Artemisa
- Dionne Fleitas García, Mayabeque
- Carmen Laura Rodríguez Piorno, Santiago de Cuba-USA
- Juan Ernesto Hernández Santiesteban, Camagüey
- Rosa Ruiz, Tampa
- Hna. María Pilar Guallart de Viala, rscj, Sancti Spiritus
- Raúl Chávez Sánchez, Cienfuegos-Ecuador
- Olga de la Caridad Miranda Villasuso, La Habana-Paris
- Carlos Gómez González, Camagüey
- Eduardo Ortiz Ramirez, La Habana
- Leonardo Pérez Franco, Santiago de Cuba
- Sheylah Rosa Gallardo Milián, Matanzas
- Yuanling Fong Albite, La Habana
- Alexander Barrero Vaillant, La Habana
- Alina Hernández Salabarria, Artemisa
- Carlos Castro Álvarez, Artemisa
- Eduardo Vásquez García, Camagüey
- Enrique Pacheco Jorge, Camagüey-Miami
- Melquiades Jorge Mentado, Camagüey-Miami
- Jennifer Torres Roque, La Habana
- Jorge Palenzuela Paez, Mayabeque
- Rafael Leyva Martínez, Holguín
- Joel Gozalez Amador, Villa Clara
- Inalkis Rodríguez Lora, Camagüey
- Angel Hipólito Zabala Garcia, Camagüey
- Sachary Anguilera Suarez, Holguín
- Yoe Suarez, La Habana
- Alejandro Manuel Borges Oberto, Camagüey-USA
- Ernesto Miguel Perez Sifontes, Camagüey
- Hamlet Lavastida Cordoví, La Habana
- Humberto Juan Bomnín Javier, Pinar del Río
- Sandra Cecilia Medina Martin, Mayabeque
- Oscar Galceran Diaz, Pinar del Río-Miami
- Maribel Marrero Lopez, Matanzas
- Liliana Acosta Gutierrez, Ciego de Ávila
- Julio Rodriguez Abreu, Ciego de Ávila
- Edelmira del Carmen Pérez Martín, La Habana
- Jorge Luis Díaz Durán, Matanzas
- Alejandro Martín, Mayabeque
- Yaimara Márquez Ladrón de Guevara, Santiago de Cuba
- Jorge Gomez Cruz, Cienfuegos
- Luis Rubén Castañeda Perdomo, Santa Clara